miércoles, 20 de enero de 2010

De la felicidad al desasosiego en un instante

Hay que ver cómo puede cambiar todo en apenas un instante. Si el año empezó bien ahora se ha truncado. De pasar mis primeras vacaciones de 2010 con mi novia en Barcelona, la llegada de mi sexto sobrino, el primer chico, y de vivir momentos muy dulces, a de repente todo irse al traste. Y es que no podía imaginarme que el domingo mi estado de ánimo y mi vida, ahora en estos momentos, daría un cambio tan radical. Y por qué digo eso, porque desde el domingo mi padre está hospitalizado. No sabemos lo que tiene, ni tampoco los médicos que no paran de hacerle pruebas y más pruebas. Y de momento desconocen que es lo que le provoca que esté así. Verlo el lunes por la mañana me impresionó mucho. En nada se parecía a ese hombre al que había dejado a las tantas de la noche, en un box de urgencias. Estaba irreconocible. Me causó tanta impresión que tuve que salir pitando del box a la calle y esconderme detrás de un pilar a llorar desconsoladamente. Después una vez repuesta y con fuerzas para estar delante de él y ante mi madre. Más tarde me fui al trabajo para hablar con mi jefe y explicarle cómo estaba la situación. Como era lógico mi jefe me dijo que me fuera al hospital y que no me preocupara por nada, y tanto él como mis compañeros me ofrecieron su ayuda. Volví al hospital para estar con él, junto con mis hermanos y mi madre. Cada vez la cosa se ponía peor y se acentuaba más. Y los médicos sin decir nada. Estábamos desamparados sin saber el cómo ni el por qué. Y así seguimos siendo hoy martes. Seguimos sin saber nada de nada. De momento siguen las pruebas. Y él pasándolo mal al igual que nosotros. Sólo espero o mejor dicho esperamos que nos digan cuanto antes qué es lo que le pasa y así poder darle un tratamiento adecudado y a ver si así sigue adelante y todo se queda en un mal trago y un gran susto.
Hay que esperar. Tenemos que esperar. No nos queda más remedio!!!